La impunidad que aún navega en el Río de la Plata

La argentina Erika Lederer, hará la proeza de cruzar el Río de la Plata desde Argentina hasta Uruguay, como un homenaje a todas las presas y presos políticos que las dictaduras militares de ambos países, arrojaron a sus aguas, donde la impunidad, sigue navegando.

desaparecidos uruguay

Cientos de personas participaron en la Marcha del Silencio en años anteriores, en Montevideo (Uruguay) Foto EFE


1 de mayo de 2026 Hora: 16:04

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El cruce a nado de Erika Lederer, no es un solo un desafío que puede ser contemplado desde el mundo del deporte. Su nombre tampoco pasa inadvertido; Erika es una “hija desobediente”, una de las tantas hijas e hijos de represores del terrorismo de Estado Argentino, que se suman a las denuncias contra los horrores cometidos por sus progenitores.

Su padre es Ricardo Lederer, un médico militar que ha participado en los vuelos de la muerte, así como de los partos clandestinos, siendo el segundo jefe en la maternidad de Campo de Mayo, se suicidó en 2012, cuando se confirmó la identidad del nieto recuperado Pablo Javier Gaona Miranda, de quien había firmado el acta de nacimiento falsa que facilitó su apropiación.

Una brutal «deuda interna», así como la externa, tienen en común los países del sur: Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Chile. En cada uno de éstos países aún falta por conocerse el paradero de los detenidos desaparecidos, producto de la omertá el pacto mafioso de silencio, establecido sin documentos escritos ni protocolos durante el Plan Cóndor.

42 kilómetros hay entre Colonia y Punta Lara, las orillas de Uruguay y Argentina que unen el Río de la Plata, elegido como tumba sin rastro de centenas de vidas, dedicadas a la lucha contra la injusticia social.

La persistente búsqueda de nietas y nietos por parte de las abuelas de plaza de mayo, mantienen viva la memoria y nos recuerdan que aún hay responsables por pagar sus cuentas, como las multitudinarias marchas del 20 de mayo en Uruguay, convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos.

Son las ocho de la mañana del 22 de abril de 1976, en Las Garzas, una localidad uruguaya sobre el océano Atlántico; un hombre que monta a caballo encuentra un muerto, en el agua, casi sobre la playa. Tiene los ojos vendados. Una hora y media después, la escena se repite ocho kilómetros al sudeste.

Siete horas más tarde y catorce kilómetros al noreste, un pescador encuentra a una mujer. Los procedimientos médico legales anotan que los tres cuerpos están muy lastimados; tienen fracturados los brazos, las piernas y los huesos del rostro.

Al día siguiente, otros dos varones son detectados sobre la arena. Los cinco son inhumados en el Cementerio Municipal de Rocha, un departamento de Uruguay. En 2012, la mujer y uno de los hombres fueron identificados y así se pudo reconstruir que ambos habían sido secuestrados en Buenos Aires el 9 de abril de 1976, dos semanas después del golpe de Estado. También se pudo establecer que fueron las primeras víctimas de un vuelo de la muerte en ser devueltas por el agua de las que se tiene registro.

Una de las metodologías utilizadas para el asesinato y la desaparición de los cuerpos de las víctimas fue la de los “vuelos de la muerte”, con aviones que partían del Aeródromo Militar Campo de Mayo. Las víctimas, algunas de ellas menores de edad, eran llevadas hasta el aeródromo en camiones cerrados pertenecientes al Ejército Argentino, las fuerzas de seguridad o civiles, que llegaban por caminos internos hasta el final de la pista de aviación.

Durante la madrugada, las detenidas y los detenidos eran subidos a helicópteros o aviones para luego ser arrojados aguas adentro. En algunos casos, las personas habían sido sedadas antes de su ingreso al avión, en otros habían sido asesinadas antes de subir o llegaban muertas al Aeródromo procedentes de distintos lugares de reclusión ilegal.

La corriente marina hizo que algunos de los cuerpos de las víctimas aparecieran en las costas argentinas y uruguayas, y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pudo identificarlas y constatar la forma de muerte.

La metodología de ocultamiento de los cuerpos de las personas detenidas-desaparecidas a través de los vuelos de la muerte completaba el circuito criminal de secuestro, tortura, muerte y desaparición propio del terrorismo de Estado, que buscaba la eliminación de las pruebas materiales de los delitos de lesa humanidad cometidos con el fin de consolidar la impunidad de los culpables y generar el terror en la sociedad, entre otras razones.

En 2022 se comprobó esta forma de asesinato en la causa conocida como “Vuelos de la muerte”.

En Uruguay, al despuntar el segundo semestre de 1976 hubo un primer vuelo de la Fuerza Aérea que – en el marco de los pocos formales procedimientos de la época – trajo a personas detenidas en Argentina. Eso estaba comprobado, reconocido y contabilizado, así como la suerte de esas personas, incluidas liberaciones y hasta indemnizaciones por unos cuantos aceptadas y por otros rechazadas.

Ahora se reconoce que hubo un segundo vuelo en octubre de 1976 que según la Fuerza Aérea fue en cumplimiento de una misión de apoyo a la labor del Ejército, lo cual quiere decir en buen romance que para los aviadores fue por cuenta, orden y responsabilidad de la fuerza de tierra.

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Avión utilizado por las Fuerzas Armadas uruguayas para los vuelos de la muerte. El avión que se encontraba en Uruguay, en el 2024 fue solicitado por los magistrados que investigaban la coordinación uruguaya – argentina de los vuelos. Foto EFE

Estas personas podrían ser alrededor de 30, también podrían ser los otros detenidos-desaparecidos que estuvieron sumergidos en “Automotora Orletti” de Buenos Aires, y difícilmente se puede sostener que murieron todos y al unísono por un mismo exceso en los procedimientos.

Este segundo vuelo viene a confirmar las tesis sostenidas largamente por algunos grupos políticos y de derechos humanos en dos sentidos: que el número de desaparecidos en Uruguay es mucho más que 26, como reconocieron algunos militares que formaron parte del terrorismo de estado, y que, así como hay muertes por excesos en el trato hay muertes que todo hace presumir que fueron deliberadamente provocadas.

 Se abre un nuevo capítulo de investigación – no solo ni tanto desde el punto de vista del accionar judicial o de la responsabilidad de personas– sino del esclarecimiento de lo ocurrido, de la construcción de la memoria histórica de un pueblo.

El triunfo de Javier Milei en Argentina, uno de los máximos exponentes del Negacionismo, de negar el papel ejecutado por los militares y algunos civiles durante el terrorismo de estado, y ejecutor del desmantelamiento de las políticas públicas de derechos humanos y reparación, al mismo tiempo que casi un 70% de la población argentina condena aquellos hechos, es lo más parecido a la imagen del tango de Discépolo, Cambalache: la biblia y el calefón.

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Más de medio siglo transcurrido de aquellos sucesos, atentan contra la necesaria memoria de una sociedad, sino hay una tarea permanente contra la naturalización del olvido; hay por lo menos dos generaciones que no vivieron el terrorismo de Estado, y que les cuesta o no logran discernir, el vínculo entre los actuales dirigentes de la derecha y los genocidas del siglo pasado.

Al otro lado del Río de la Plata, si bien ha triunfado el socialdemócrata Yamandú Orsi del Frente Amplio, la aparición durante el periodo pasado (2019- 2024) de un partido militarista que se sumó a una coalición que llevo al gobierno a la derecha, es un síntoma de la reorganización de las fuerzas que pugnan por la impunidad.

En tiempos en que los nuevos fascismos y pragmatismos de derecha logran convencer a las mayorías del electorado (Bolivia, Chile, Argentina, Ecuador, Honduras), resulta en una tarea urgente persistir en la memoria y en la continuidad de la búsqueda y los juicios contra los responsables.

En esa monumental tarea, siguen siendo un baluarte las asociaciones de familiares, madres y abuelas, de cada orilla del Plata, pero a ellos también el tiempo les pasa, y se hace necesario el abrazo permanente de una sociedad que necesita curarse de impunidad.

Autor: teleSUR Ricardo Pose

Fuente: Agencias